Desde tiempos ancestrales, el ser humano se ha preocupado de conocerse a sí mismo. Numerosas categorizaciones y descripciones han surgido desde entonces para dar respuesta a esa incesante necesidad de saber cómo somos para así poder mejorar nuestro comportamiento y nuestra vida en general.

Así, en la década de los 70, Elaine Aron comenzó a investigar la personalidad introvertida, y junto al autoconocimiento adquirido de su propio carácter, describió con detalle los rasgos de las personas altamente sensibles. Se estima que alrededor del 15% de la población mundial lo son.

La principal diferencia con las demás personas parece ser una mayor sensibilidad cerebral, haciendo que los estímulos se perciban con una mayor intensidad que en las personas no sensibles. Esto hace que las PAS sean muy sensibles al entorno, tengan baja tolerancia al dolor, necesidad de mayor tiempo en soledad para bajar la sobreactivación, debiendo evitar las situaciones ansiógenas y estresantes.

Si el lector se siente identificado, tiene también motivos para sentirse feliz con su forma de ser, ya que las PAS son personas concienzudas, con una rica y compleja vida interior, unos excelentes dones artísticos y una elevada capacidad para sentir las emociones y para percibir esencias, sabores, sonidos y obras de arte.

Este tipo de personalidad no suele ser bien aceptado socialmente, debido a que no se corresponde con los valores dominantes de nuestra cultura, donde se premia el no sentir, la fuerza, la competitividad, la intensidad, el ruido, la extroversión…esto hace que la persona PAS se vea condicionada desde la primera infancia y sea así educada en la modificación de su esencia. “No se llora en público, no seas pesada con tus emociones, eres un bicho raro…”,  pueden ser las frases que escuchen desde su desarrollo, lo que hará inevitablemente que la autoestima de las PAS sea inferior a la de los demás y desarrollen un sentimiento de culpa por ser como son.

No tiene sentido pensar que el rasgo es “bueno” o “malo” de por sí. Evidentemente las PAS serán más vulnerables que el resto para eventos traumáticos, situaciones emocionalmente ambiguas o donde se requiera un ritmo de vida rápido, donde no haya tiempo a la escucha personal. Esto de manera continuada, podría condicionar a la persona para desarrollar psicopatologías ansioso-depresivas.

Por otro lado, una PAS que ha llegado a aceptarse a sí misma y a desarrollar un estilo de vida acorde a sus necesidades, puede llegar a desarrollar su potencialidad personal y a tener una vida sumamente satisfactoria. Puede llegar a convertirse en una artista admirada o bien en una alta directiva, aunque siempre deberá respetar sus necesidades de infraestimulación.

Ahora que sabe toda esta información, le animo a que haga una revisión de su historia biográfica, sus relaciones sociales, la satisfacción con su trabajo, sus relaciones afectivas, además de la relación de todo esto con su salud y bienestar.

Evidentemente, no todas las personas PAS se verán afectadas en las mismas áreas ni con la misma intensidad pero sí que puede aceptar que, en todas esos ámbitos, su personalidad le ha condicionado, normalmente negativamente.

Algunas cosas que puede hacer para mejorar su situación es:

  • Primeramente, aceptar quién eres y qué eres, deja de luchar contra tu esencia.
  • Toma decisiones para establecer, en la medida de lo posible, un estilo de vida acorde a tus necesidades, fortalezas y limitaciones. Seguramente las jornadas de trabajo maratonianas o los deportes de riesgo no son lo tuyo.
  • Puedes aprender a manejar mejor tu carácter, aprendiendo a gestionar tus emociones. Para ello acude a libros especializados y especialistas en el tema.
  • En los casos donde la situación lo requiera, una psicoterapia enfocada al crecimiento personal puede ser una buena solución.

 

Isabel Berbel, Psicóloga Sanitaria

 

Imagen cortesía de Gaëlle Boissonnard